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La mazzera

Por:  Enrique Vivoni Farage

Córcega está muy cerca de nuestros corazones. Por lo general la pensamos desde la
familia, pero la Isla está cargada de fenómenos que algunos autores acreditan a las
épocas pre‐griegas, donde el culto a la muerte fue parte fundamental de esas
culturas. Si indagamos sobre ese aspecto de la cultura corsa nos encontraremos con
una Córcega muy distinta a la que estamos acostumbrados a describir. Quizás hoy,
con el advenimiento de las comodidades modernas y el afrancesamiento
irreversible, no se vea tanto, pero aquella Isla, de la que zarparon nuestros
antepasados, estaba sumida en toda una misteriosa tradición que todavía
ignoramos. He aquí un pequeño suceso que puede ser parte de aquellos años:
La noche del 14 de julio de 2008, fiesta nacional francesa, caminábamos hacia
nuestros apartamentos, Mary Frances, Manuel y yo. Estábamos en Macinaggio,
pueblo costero, muy turístico, del Cabo Corso.

Habíamos terminado de cenar en el restaurante Les île del amigo Orlandi con el
grupo acostumbrado de amigos corsos. Esa noche el Prefecto de la Alta Córcega
había suspendido –en todo el Cabo– la celebración de la fiesta con fuegos artificiales
por el intenso Libecciu que azotaba la comarca. Pero, lo pasamos muy bien, cenamos
bien y a eso de la media noche los tres regresamos a pie.

Estábamos enfrascado en una conversación sobre Benedicto XVI y su recién
erradicación del limbo cuando unos metros más adelante, vimos –los tres vimos– a
una señora en una bicicleta que se nos acercaba. Parecía que la bicicleta hacía un
ruido fuertísimo, como si le faltara grasa en los pedales, cadena o ejes: era un fuerte
cui‐cui‐cui‐cui que nos llamó la atención.

Yo me fijé en la cara de la señora. Con profundas arrugas, jincha, con pelo corto color
arena mojada y una gran sonrisa que enseñaba unos diente uniformes. Su cara
parecía iluminada desde adentro. Ella me miraba mientras pasaba entre nosotros y
al pasar, inmediatamente me viré diciendo –¡?Qué carajo fue eso!? Pero al virarnos,
ella había desaparecido… Los tres nos miramos y Manuel comenzó a describir la
cosa que arrastraba la bicicleta, de la cual yo no me había percatado.

–¡Era como una criatura con largos pelos y eso era lo que hacía el ruido! Comentó
exaltado. Pero ¿a dónde se fue?

Por otro lado, Mary Frances también se fijó en lo que arrastraba la bicicleta.

–Llevaba una niña con pelo largo, como en rizos, dijo, pero la arrastraba pegada al
piso, no en un asiento en la parte de atrás de la bicicleta, también exclamó.
¿Pero a dónde se fue? Caminamos un poco hacía la dirección en que iba la señora.
¡Diántre!, es que no había lugar por donde desviarse.

Seguimos la marcha y al otro día, al subir a Rogliano para iniciar el día de trabajo,
Manuel me dice,

–Oye, anoche me pasé pensando en lo que vimos y eso fue algo fuera de lo común,
sería un fantasma?

A mi me vino a la mente que podría ser una mazzera. Ahora, al escribir estas, no sé
si ese es el nombre correcto, pero que enseguida lo definí:

–Son seres que por las noches salen a recoger las almas de fallecidos o de los que
van a fallecer. Se nos erizaron los pelos.

Compartimos con Mary Frances lo que pensábamos que era y en la noche del 31, al
reencontrarnos con los amigos corsos ella les preguntó si en Macinaggio vivía una
señora con las señas de nuestras aparición. Se miraron y dijeron que no.

Si llevaba almas, por lo menos eran dos: la que vio Manuel y la que vio Mary Frances.
Si era una mazzera, debió estar soñando, pues por definición, estos seres, que
despiertos son miembros honorables de la comunidad, sueñan que salen a cazar y
matar animales. Al matarlos, los viran y el animal les revela la cara del vecino que
va a morir. Son pronosticadores de muerte en la comuna.

Yo no sé lo que vimos esa noche, pero los tres lo vimos. Si era una mazzera, nos tuvo
que meter en su sueño, si era una vecina, nadie la reconoció de nuestra descripción,
si era una turista, ¿qué diablos cargaba en la parte de atrás de la bicicleta?

3 Responses to “La mazzera”

  1. 1
    Lissette:

    Fantástica historia. Me encantó y me dejó haciéndome la misma pregunta. Espero leer otras como ésta.

  2. 2
    Licy:

    ¡Me fascinó! Muy parecido a los cuentos que me hacía mi abuelo cuando yo era niña. Sí , Enrique , existen las mazzeras y los duendes y las brujas que luego pernoctan en el Monte Stello.

  3. 3
    Javier Capestany:

    Me gusto mucho la historia!

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