Desde 1800 la afluencia de extranjeros había tomado mayor auge en la parte sur, pero esta vez no solamente procedía de las provincias españolas sino que se dibujaba un movimiento creciente de otras naciones de Europa, a las que había llegado el eco de la fama de la feracidad de estas tierras y de las oportunidades de cimentar halagueñas fortunas en las regiones aquende al Atlántico.
No todos los emigrantes que llegaban eran pobres, ávidos de cimentar un medio de vida de holguras, sino que también europeos que vivían en la opulencia llegaron a nuestras costas.
En esa época atravesaba Francia por un movimiento político que afectaba a muchos y que con los cambios no se sentían muy garantizados. Otros por disgustos sociales dejaron las aristocráticas calles de París y sus opulentos palacios para venir a establecerse en Puerto Rico. Entre ellos cuéntese a D. Antonio Francisco Negroni Mattei, hijo del Marquéz de Negroni, conocido político francés, que a esta comarca llegara y estableciéndose aquí fue el progenitor de la familia Negroni. Un vástago de esa familia, Conde de Negroni, fue un militar prominente en el ejército francés y ocupó el rango de General. Otros extranjeros llegaban procedentes de Córcega, especialmente de la parte allí conocida como Cabo Corso. Salían unos directamente a instalarse en Puerto Rico y otros llegaban por vía de Martinica y Guadalupe. Llegaban italianos procedentes de la parte de Nápoles y Génova; españoles procedentes de Cataluña, de Mallorca y de pequeñas islas del Mediterráneo, pero la afluencia fue mayor desde Córcega, llegando a establecerse aquí una COLONIA CORSA.
Conocida es la laboriosidad de estos coterráneos de Napoleón. Amantes también de las aventuras, y viendo que su tierra no era tan próspera que recompensase ventajosamente a sus esfuerzos, buscaron fuera de los límites de su territorio, campo para desplegar sus iniciativas y realizar fructífera labor agrícola. Enterados por los primeros que llegaban aquí, de la feracidad de esta comarca, buenas condiciones de clima, facilidad del idioma, hospitalidad de los pobladores ya establecidos, y sobre todo oportunidad para trabajo lucrativo, vinieron a establecerse aquí donde iniciaron las labranzas de la tierra y aunque no con las ventajas de los primeros en llegar pudieron adquirir los mejores terrenos. Internáronse algunos en las regiones agrestes y hábiles agricultores acostumbrados a arduas tareas para lograr cosechas en los suelos de Córcega, trabajaron empeñadamente y lo que fuera monte virgen y selva abrupta lo convirtieron en exuberantes cafetales que emporio de riquezas fueron. Hicieron el café, el cultivo favorito y ocupáronse tan bien de su preparación para el mercado llevando a un continuo progreso la industria hasta que el café de las alturas de Yauco, ocupó sitio prominente en el mercado europeo y competencia hubo de hacer al reputado café de Java.
Otros, con los años ya conocedores del país, dedicáronse al comercio levantando cuantiosas fortunas, y poniendo siempre de relieve su honradez, laboriosidad, perseverancia, tenacidad, nobleza e hidalguía, poniendo los cimientos de una sociedad distinguida y próspera, la que siempre ha mantenido un núcleo francés, orgullosos de su sangre, de su raza y de su historia, aunque conviviendo como puertorriqueños e identificándose con nuestras costumbres y tradiciones.
______________________________________________________ Extracto tomado de “Yauco a través de su historia” por G. Ríos Lavienna en Juan Masini, et al. Historia Ilustrada de Yauco (Yauco: Yauco Printing Co., 1925)
